¿Cómo es que una médica graduada de la Javeriana de Bogotá se encuentra en Italia ejerciendo en plena era del coronavirus?

Trabajaba en el Ministerio de Protección Social, hasta que en el 2008 conocí a un médico italiano, especialista en medicina del trabajo, en lo que yo también lo soy, me enamoré y me vine para acá, a Turín, en la región de Piamonte.

¿Es difícil homologar el título de médico allá?

Mucho. Llevo 13 años aquí. Tuve que hacer 14 exámenes, 7 exámenes escritos y 7 orales con el Ministerio de Salud italiano. Después hice la especialización.

¿Ahora trabaja directamente con el coronavirus?

Sí, porque los médicos de medicina familiar somos los que primero atendemos al paciente. Y solo cuando se complica, va al hospital.

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¿La asusta que ya haya, a la fecha de esta entrevista, 37 médicos muertos en Italia?

Me asusta. Sobre todo porque son muchos médicos de familia, lo que yo hago. En los hospitales tienen mejores elementos de protección personal. Nosotros estamos atendiendo a los pacientes con una máscara y unos guantes. Eso que ven como vestidos de astronautas, eso es solo en los hospitales.

¿Cuántos pacientes con coronavirus le ha tocado ver hasta el momento?

Positivos, más de 20. Pero seguramente tengo muchos más, como 50. Porque los test para diagnosticar el coronavirus solo se hacen en los hospitales a los que están muy complicados.

A los que manejamos en casa, aunque tengan síntomas, no les hacen el examen. Esa es una de las críticas al Gobierno, y por eso se está tratando de hacer masivamente el test

A los que manejamos en casa, aunque tengan síntomas, no les hacen el examen. Esa es una de las críticas al Gobierno, y por eso se está tratando de hacer masivamente el test.

¿Qué errores cree que ha cometido Italia para ser uno de los países con más alto grado de coronavirus?

No nos quedamos en casa en un momento muy temprano, cuando empezó la enfermedad. Habíamos visto lo que había pasado en China y nos hicimos los tontos. No pensamos que eso nos tocaría. Y aquí la gente, y me incluyo, ‘mea culpa’, decía que no se podía bloquear la economía, que solo debían quedarse en casa los que tenían síntomas. ¡Grandísimo error!

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¿Por qué es así de claro?

Porque el virus lo estaban transmitiendo los asintomáticos. La gente que está enferma, o está en su casa o en el hospital. Pero los que están con el virus, estaban saliendo, haciendo vida normal, los jóvenes en fiesta todos los días, porque estaba cerrada la universidad.

Hubo un partido de fútbol que también contribuyó muchísimo, y por eso el virus se localizó tanto en una zona específica de Italia, que es Milán, Bérgamo y Brescia, ciudades que están cerca unas de otras, a 50 kilómetros. En la Semana de la moda en Milán ocurrió algo que también ayudó al contagio: se descarriló un tren en Bérgamo y mucha gente estuvo allá chismoseando. Lo de Lombardía fue el desastre.

¿Qué es lo que más le ha gustado y lo que menos de las medidas tomadas en Italia?

Desacertado, la ligereza con la que tomaron ciertos políticos el inicio del contagio; se mostraban haciendo aperitivos y saliendo en pleno momento de crisis, en lugares donde estaban aumentando los casos.

Lo que sí me ha gustado es que han aprendido rápidamente la lección, y están empezando a tomar medidas mucho más drásticas, a mover recursos, a poner a disposición de los hospitales mucha infraestructura en medicamentos para superar esta crisis. Fue como despertarse y decir: ‘Bueno, nos equivocamos, pero no lo vamos a hacer más’. Solo que, desafortunadamente, los números son realmente grandes y todavía no se ven los buenos resultados.

La médica Marcela Giraldo es especialista en medicina de familia y trabaja en Turín, en donde se vive uno de los focos del virus en Italia.

La primera lección es que las medidas hay que tomarlas rápido. ¿Qué cree de lo que hemos hecho en Colombia?

Creo que allá están a la vanguardia. Es una decisión muy difícil de tomar y de entender, porque cuando no hay tantos casos, uno dice: ‘Pero ¿para qué nos encerramos ya en casa si aquí no hay sino 1 caso, 100 casos, 200, 300, 400 por ahora?’. Pero retomo lo que decía antes: los asintomáticos, en periodo de incubación, son la diferencia por ejemplo con la influenza, que solo se transmite cuando uno está enfermo. El coronavirus lo hace aunque uno no tenga síntomas, o sea, en periodo de incubación. Por eso es terrible que toda la gente esté por fuera.

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A propósito, ¿cómo equilibrar el tema médico con el económico?

Es que es muy distinto verlo desde Italia que desde Colombia. Aquí, seguramente las empresas están paradas, la gente rica será menos rica, habrá más pobres, pero aquí no es el hambre, o sea, la gente está tranquila, aquí al que no trabaja le llega un subsidio, las familias ayudan, los ancianos todos tienen una pensión, hayan trabajado o no. En cambio, en Colombia el tema es muy dramático.

A nosotros nos metieron en la casa hasta el 13 de abril. ¿Allá, la medida tiene una fecha?

También tenemos una fecha y nos la han prolongado cada vez más. Hasta los políticos están aprovechando estos momentos de crisis para hacer el espectáculo y ganar votos. Están diciendo que no podemos seguir encerrados, que tenemos que activar la economía.

Si no hay vacuna a la vista, por lo menos a corto plazo, ¿qué va a pasar cuando en Colombia se llegue al día 13 y se acabe la cuarentena?

Eso se irá definiendo de acuerdo con el número de casos que estén teniendo en ese momento. Aquí es lo que han hecho. Empezamos así, una semana, dos semanas, hasta cuando vieron que esto se estaba disparando.

Aquí se calcula que el pico va a llegar dentro de dos o tres semanas…

Exactamente. Y hay otros que dicen que dentro de un poquito más. En Colombia habrá que medir si fue efectivo el confinamiento de estas dos semanas, si se logró contener el virus y si se lograron localizar los focos de infección y contenerlos.

Como médica, ¿cuál será el día en que le pueda decir con tranquilidad a un paciente: ‘Bueno, ya puede salir mañana a la calle’? ¿Esa es una decisión política o médica?

Es una decisión médica. Seguramente hay mucha presión política. Pero los médicos estamos presionando mucho a los políticos, porque pensamos mucho en nuestra salud también. Seguramente no podrán separar la parte política de la científica, pero creo que en este momento debería importar un poco más la científica. Porque este virus es nuevo, no lo conoce nadie, no sabemos cómo se está comportando realmente.

Hay algunos de estos científicos que dicen que a pesar de que el test sea negativo, no necesariamente quiere decir que esa persona no sea todavía contagiosa

Una vez pasan las dos semanas, si usted ya no tiene más síntomas y se hace el test, puede salir a la calle y hacer su vida normal. Hay algunos de estos científicos que dicen que a pesar de que el test sea negativo, no necesariamente quiere decir que esa persona no sea todavía contagiosa.

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Pero ¿cuándo podemos decir que nos podemos librar?

Cuando ya la infección esté completamente localizada, idealmente. Cuando los casos estén ya muy controlados, así como el foco de infección. El problema de esta enfermedad es que se concentró toda en un mes o en dos, y desbordó completamente las capacidades de los hospitales.

¿A usted le ha tocado la difícil decisión ética de a quién le pone el respirador, si a un joven o a un viejo?

No me toca el ventilador porque, decía, manejo los casos antes de que se compliquen hasta ese punto. Pero tengo la difícil tarea de ni siquiera ofrecerle el ventilador al paciente. Hoy me tocó un caso: un paciente de 80 años que tiene todos los requisitos para que sea un proceso negativo. Cáncer de vejiga, cosa que le va a hacer la enfermedad un poco más difícil.

Toca decirles a sus familiares que llegaremos a un punto en que toca mantenerlo en casa o mandarlo al hospital; su papá tiene 80 años y vamos a necesitar ventiladores para personas más jóvenes, luego si su papá se complica, tengámoslo en casa.

Seamos realistas. ¿Cuál es la perspectiva de uno de esos pacientes que, o se quedan en casa o van a la clínica, pero sin respirador?

Sí la quiere oír…

Sí, por favor…

Se van a ahogar en su casa, porque le vamos a poner solo oxígeno y morfina para que no sufran. Ni siquiera yo les voy a dar la oportunidad de ir al hospital, porque no le quitaré el ventilador a otro. Esa decisión todos los días la toman mis colegas.

En Colombia hay una alarma por falsas curas contra el coronavirus en internet y automedicación…

Absolutamente tienen que restringir la venta de esos medicamentos, que son experimentales. El problema de esta enfermedad no es tanto la infección, sino la inflamación que causa el virus en los pulmones, que los destruye. Entonces estamos tratando de usar antimaláricos, para la artritis, antivirales, retrovirales.

Pero ¿hay alguna luz cercana al final del túnel?

Confirmado, no. Para que un medicamento funcione se necesitan no meses, sino años de experimentación. Examinamos ciclos muy cortos, donde algunos pacientes se curan y otros pacientes se mueren. ¿Por qué se curó uno? No sabemos si la defensa estaba en el sistema inmunitario o porque el medicamento fue el que le ayudó a parar esa inflamación. En mi experiencia personal, estoy utilizando antibióticos en la fase inicial, y en la fase más complicada, los antimaláricos, y no estoy viendo mayores resultados.

¿Qué espera que pase en Italia?

Es aún incierto. Las universidades están contemplando abrir en septiembre. Comienzan gradualmente las actividades productivas y la circulación personal… Pero la cuarentena no terminará por ahora. Y, desde luego, prohibida la aglomeración de personas en estadios, conciertos, colegios y universidades.

Finalmente, ¿cómo le cambió la vida el coronavirus a usted?

Uff. Mucho mucho. Como médica aspiraba a una vida más normal. Pero volví a 24 horas, el teléfono no lo puedo apagar porque está completamente disponible sábados y domingos para mis pacientes. Es vivir solamente para el trabajo, y el poquito tiempo que uno tiene libre es para su familia.

Tengo un hijo de 9 años que me parte el alma porque lleva dos meses en los que a nosotros nos ve poquísimo

Tengo un hijo de 9 años que me parte el alma porque lleva dos meses en los que a nosotros nos ve poquísimo. A los amigos, nada. Su compañía durante los últimos dos meses ha sido su abuelita de 88 años, que yo no sé quién está cuidando a quién.

Ustedes están en una dramática curva que aquí no hemos comenzado…

Nosotros ya estamos aclarando un poquito nuestra curva. Ustedes están muy atrás, y Dios quiera que de verdad todas las medidas que se tomaron hayan sido a tiempo, y no vayan a tener el número de casos que tenemos acá, porque aquí la gente cae en la calle. No hay personas en las zonas del país críticas que no tengan un muerto entre las familias o los amigos. Esto es una tragedia, una guerra, con un enemigo invisible que no es el que te dispara, sino el paciente asintomático que te lo transmitió.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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