Los estadounidenses fueron llamados a prepararse para enfrentar “dos semanas muy dolorosas” por la expansión de la pandemia de covid-19, que podría cobrarse hasta un cuarto de millón de víctimas en el país, mientras las muertes se disparan en los puntos críticos europeos de España, Francia y Gran Bretaña.

El fallecimiento de 865 personas en 24 horas llevó a que el total de decesos en Estados Unidos superara este martes los 3.870, según el recuento de la Universidad Johns Hopkins.

Estados Unidos ya superó el número de decesos oficialmente registrado en China.

Con esta marcada aceleración, el balance diario en ese país se acercó al nivel de Italia y España, mientras que el pico de la pandemia, que se avecina en esas dos naciones europeas, todavía no se avizora en Estados Unidos.

“Quiero que todos los estadounidenses estén listos para los muy difíciles días que nos esperan”, dijo este martes 31 el presidente Donald Trump en la Casa Blanca. “Serán dos semanas muy, muy dolorosas”.

Integrantes del equipo especial de lucha contra la pandemia montado por el gobierno difundieron un sombrío pronóstico de entre 100 000 y 240 000 muertes en Estados Unidos en los próximos meses, si se respetan las restricciones actuales. Si no se tomara ninguna medida, dijeron, los decesos se situarían entre 1,5 y 2,2 millones.

A nivel mundial, la onda expansiva sigue creciendo, con más de 41 000 muertos.

Avance del virus 

Desde el comienzo de la pandemia, en diciembre en China, el virus ha infectado a más de 830.000 personas a lo largo del planeta, más de la mitad de ellas en Europa, y más de 188 000 en Estados Unidos y más de 108 000 en Asia.

En Estados Unidos más de tres cuartas partes de la población vive confinada, de manera más o menos estricta según los estados.

Nueva York inició una carrera contrarreloj para aumentar la capacidad de sus hospitales antes del pico de la epidemia, esperado “de aquí a entre siete y 21 días”, según el gobernador del estado, Andrew Cuomo.

En Manhattan se levantaron hospitales provisorios en un centro de conferencias y en pleno Central Park, en tanto se proyecta otro en el centro deportivo de Flushing Meadows.

“Es como una zona de guerra”, dijo Donald Trump.

“No estamos en guerra. Los marineros no necesitan morir”, dijo sin embargo el capitán del navío Brett Crozier, en una carta para pedir el desembarco del portaaviones Theodore Roosevelt, amarrado en la isla de Guam y golpeado por la epidemia, solicitud que el Pentágono rechazó.

Homenaje a los muertos

En Wuhan, la ciudad en la que se originó la pandemia, las medidas de confinamiento están siendo progresivamente levantadas, y los primeros pasos al aire libre de sus habitantes son para homenajear a los muertos.

La cantidad de cremaciones y urnas funerarias hace pensar a numerosos expertos que el total de fallecidos en China ha sido ampliamente subevaluado.

En otros países se espera con ansiedad el pico de la enfermedad, a partir del cual comenzará un proceso de reversión de la actual saturación de los servicios de salud.

En Italia, el país con mayor número de decesos (más de 12 400 en poco más de un mes), el confinamiento comienza a producir resultados alentadores, luego de tres semanas de tragedias continuas.

Sin embargo, la península lamentó 837 nuevos fallecimientos en 24 horas. Un minuto de silencio fue observado en todas las alcaldías del país “ en recuerdo a las víctimas del coronavirus ” y en honor de los profesionales de la salud.

España, el segundo país en número de muertes (8.189) , teme que las unidades de cuidados intensivos, que ya se encuentran al límite de su capacidad, se vean rápidamente desbordadas.

En tanto, el coronavirus dejó en las últimas 24 horas más de 500 muertos en en Francia, lo que lleva el total de decesos en el país a más de 3.500.

La propagación del virus afectó también al Reino Unido, con 381 nuevas muertes suplementarias, entre ellas la de un adolescente de 13 años, un caso excepcional.

Al límite 

En todas partes, el personal de la salud está en primera línea.

Ester Piccinini, enfermera de 27 años en un hospital de Bérgamo, en el norte de Italia, da cuenta de ello: “Por la mañana, cuando llego al servicio, me santiguo esperando que todo vaya bien. No tanto por mí […] sino por los pacientes. Una caricia tiene más valor que las palabras”.

Los ministros de Finanzas y gobernadores de los bancos centrales del G20, que se reunieron el martes por teleconferencia, prometieron ayudar a los países más pobres a soportar el fardo de su deuda y a asistir a los mercados emergentes.

Europa envió material médico a Irán, uno de los países más afectados, con 2.898 muertes, a través de un mecanismo que permitió eludir las sanciones estadounidenses.

“Niños que alimentar”

Más de 3 600 millones de personas, es decir un 46,5% de la población del planeta, están confinadas, por obligación o por decisión propia.

Las fronteras se siguen cerrando. El presidente Trump evaluaba prohibir el ingreso a Estados Unidos de personas procedentes de Brasil, como ya lo hizo con China y Europa.

Rusia extendió sus medidas de confinamiento a la mayoría de las regiones y anunció fuertes multas para quienes no las respeten.

No obstante, el confinamiento es difícil de cumplir en numerosos países, en especial en África y América Latina, donde millones de personas viven gracias a una economía sumergida y habitan en lugares superpoblados.

En América Latina, donde se han registrado 348 muertes y casi 15 000 infectados, varios países anunciaron una prolongación de las medidas, en un intento de evitar el colapso de sus sistemas sanitarios.

En algunos países pobres, ya hay protestas. “En Nigeria, cuando uno trabaja ya pasa hambre. Imagínese cuando no puede trabajar”, dice Samuel Agber, reparador de aparatos de aire acondicionado.

En Port Elizabeth, Sudáfrica, una anciana se indigna: “Qué nos importa este virus, si tenemos hijos y nietos que alimentar”.

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