Auschwitz fue en su momento el campo de concentración más grande establecido por los alemanes. Estaba ubicado cerca de Cracovia, Polonia. Más de un millón de personas perdieron la vida en este lugar. Nueve de cada diez eran judíos.

Sobre la entrada del campo había un letrero que decía: “Arbeit Macht Frei”, que significa “El trabajo te hace libre”, sin embargo, allí ocurría todo lo contrario a la supuesta libertad anunciada. El trabajo se convertía en otra forma de genocidio que los nazis llamaban “Exterminación a través del trabajo”.

Escaparse de Auschwitz era casi imposible. Había cercas electrificadas de alambre de púas que lo rodeaban. Los guardias estaban equipados con ametralladoras y rifles automáticos. Las vidas de los prisioneros estaban bajo el control de estos nefastos, quienes, por capricho, podían infligirles crueles castigos.

El 20 de mayo de 1940, llegaron los primeros prisioneros al campo de concentración nazi más mortal de la historia.

Estos son los testimonios de algunos sobrevivientes de la Alemania nazi.

Grupo de húngaros que llegaron al campo de concentración Nazi de Auschwitz.

Hablar alemán le salvó la vida

“Yo era más delgado y precisaba menos para sobrevivir”, recuerda uno de los últimos supervivientes del campo de concentración de Auschwitz, Ignacy Golik, de 98 años, en una entrevista con la agencia EFE durante el aniversario número 75 de la liberación de los campos de concentración de la Alemania Nazi.

“Durante un tiempo trabajé en el hospital para los miembros de las SS (la policía política del régimen nazi) y conocí a todos los oficiales y suboficiales alemanes, también a los médicos responsables de gasear a los prisioneros. Yo di sus nombres y ayudé a que les condenasen en el proceso”, afirma con orgullo.

“Hablar algo de alemán me salvó la vida, porque eso era algo que se apreciaba en el campo y le hacía a uno más útil para trabajar -explica-, lo que me llevó a ser asistente de oficiales de las SS y de la Gestapo para los que limpiaba botas, planchaba los uniformes, lavaba. Me adapté a la situación y encontré la forma de sobrevivir desempeñando todo tipo de tareas en Auschwitz”.(También puede leer: Niña resultó embarazada tras once años de abuso por parte de su padre)

La entrada de una de las zonas más mortales del siglo XX.

Tres personas que nacieron en los campos de concentración 

Se recogieron las palabras de tres supervivientes de la Segunda Guerra Mundial que comparten la misma historia desconocida: Florence Schulmann, Hana Berger Moran y Mark Olsky nacieron en ese infierno.

Los tres nacieron en la primavera boreal de 1945, luego de que sus madres fueran deportadas embarazadas. Las de Florence y Mark eran polacas y la de Hana era checoslovaca. Los tres tienen hoy en día la misma mirada seria e inteligente, forjada en la adversidad total. Tienen veinte años menos que la mayoría de los supervivientes.

“Nací debajo de una mesa, en la fábrica de aviación en la que trabajaba mi madre, delante de todo el mundo. Pesaba apenas un kilo y 600 gramos. Mi madre pesaba 35”, recuerda Hana Berger Moran.

Muchas deportadas daban a luz durante los viajes a bordo del tren. Horrorizado, el jefe de una estación de tránsito ofrecía vestimentas a los tres bebés que acababan de nacer durante el periplo, así como alimentos a sus madres. Entre esos recién nacidos estaba Mark Olsky.

Por su parte Florence Schulman afirma: “Toda mi vida, día y noche, he vivido el Holocausto”.

La canciller Ángela Merkel durante una visita conmemorativa. 

Annete Cabelli, la número 4.065 del campo de concentración

“Te sacaban de la cama a las siete de la mañana. Esto era la muerte porque cuando hay menos 12 o menos 13 grados no puedes soportarlo”, dice Annete Cabelli, sobreviviente del Holocausto.

En un documental de ‘El País’, de España, Cabelli explica que su trabajo era coger los orinales de los enfermos cuando estaban llenos de excrementos. Allí pasó varios meses hasta que se contagió de tifus y la trasladaron a un bloque para enfermos.

Llegó a este lugar a sus 17 años en 1942. Como a todos los que estaban allí, la marcaron en el brazo izquierdo. Su número era el 4065.

Cabelli caminó sin descanso hasta la frontera alemana. Durante el viaje a pie vio cómo miles de compañeros perecían a su lado. Tuvo que pasar por dos campos más: Ravensbrück y Malchow (a 90 y 70 kilómetros de Berlín, Alemania, respectivamente), antes de ser liberada el 2 de mayo de 1945. 

Actualmente, Cabelli vive en París y, aunque el Holocausto no ha dejado de marcar su vida ni un solo instante, se dedica a contar su historia en colegios y universidades.

Los niños fueron víctimas de experimentos y maltrato. 

‘Sobreviví por tocar el Chelo’: Anita Laske-Wallfisch

Anita Laske-Wallfisch, quien hoy tiene 94 años, sobrevivió al campo de exterminio alemán de Auschwitz tocando el cello en la orquesta de niñas del campamento, y en 1945 fue liberada por los británicos del campo de concentración de Bergen-Belsen.

“Queríamos permanecer juntos. Entonces mi padre dijo estas palabras: ‘Quédense. Ustedes no están en la lista’… Nunca más vimos a mis padres”, dijo en una entrevista con la ‘Deutsche Welle’. Tras un fallido intento de fuga, ella y su hermana fueron llevadas primero a la cárcel. En 1943 fue deportada a Auschwitz.

Ella creció en la antigua ciudad alemana de Breslau, hoy en territorio polaco, soportando el hostigamiento contra los judíos. Y aunque su padre, Alfons Lasker,a siempre aseguraba que la situación no pasaría a mayores, años más tarde, él mismo y la madre de Anita fueron asesinados por los nacionalsocialistas, así como otros millones de personas.

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Anita y su hermana Renate fueron testigos de todo tipo de perversiones en Auschwitz. “Allí vi cómo tiraban a personas vivas a los hornos ardientes. Y quien no era enviado al llegar a las cámaras de gas, no sobrevivía mucho tiempo en Auschwitz”. Las dos chicas lograron mantenerse con vida.

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