El informe presidencial al arrancar el cuarto año de mandato será recordado por la huella de la pandemia.

El hemiciclo del Palacio Legislativo lucía con unos pocos funcionarios, alejados unos de otros para guardar distancia y evitar contagios.

Solo el Presidente de la República, el Vicepresidente y el titular de la Asamblea Nacional tenían el rostro descubierto, al igual que los vicepresidentes del Legislativo.

Para otras altas autoridades y algunos legisladores se dispuso unas salas donde se seguía el Informe a la Nación con la distancia obligada.

Varios legisladores, no se sabe cuántos, seguían de modo virtual y desde distintos puntos del país el discurso de Lenín Moreno.

De los ejes que el propio Primer Mandatario delineó en su alocución, cabe destacar que el aspecto económico que atravesó sus tres años de mandato, es de mayor fuerza hoy.

Si aquella mesa servida inexistente tan invocada dejó condicionado al Gobierno, el caso hoy es peor.

Una vez que retiró el tema de las contribuciones especiales, el Presidente dijo que cumplirá su palabra y dará paso a lo aprobado por la Asamblea. Insistió empero en una fórmula que merece explicaciones y detalles, de captar impuestos anticipados para personas naturales y empresas, todo en medio de esta contracción.

El Presidente se mostró sensible por el tremendo impacto social de la pandemia y ratificó los anuncios de ayuda social; apeló a la solidaridad con los más golpeados. Detalló los créditos para los sectores que más lo requieran. Agradeció al personal de salud, de seguridad, de transporte de alimentos y otros servicios.

En materia de corrupción invocó a la Asamblea a aprobar las leyes enviadas y deploró la corrupción del anterior Gobierno y varios casos de este enviados a la justicia.

Un guiño político evidente hizo Moreno a Otto Sonnenholzner, ante semanas de rumores de tensiones a alto nivel dentro del gabinete. Le agradeció enfáticamente su labor.

Un informe atípico; la soledad del poder quedó acrecentada por la soledad del distanciamiento obligado.