El confinamiento se mantendrá con altibajos hasta mediados del próximo año, cuando se prevé poner en el mercado la vacuna contra el covid-19.

Mientras tanto, el teletrabajo servirá como una herramienta útil para mantener a las empresas funcionando y a los trabajadores a salvo del virus. Pero el teletrabajo también ha prendido las alertas en el mundo porque hay personas que simplemente no pueden trabajar desde el hogar.

A escala mundial, más de 97 millones de trabajadores -un 15% de la fuerza laboral- están en alto riesgo de ser despedidos o tomar licencias sin sueldo o con uno reducido. Esa es una de las conclusiones de un estudio realizado en 35 países avanzados y emergentes, entre los cuales está Ecuador.

Esa investigación estuvo a cargo de Mariya Brussevich, Era Dabla-Norris y Salma Khalid y fue publicada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el 7 de julio pasado.

Ese documento concluye que los trabajadores con menos probabilidades de trabajar de manera remota son jóvenes, sin educación universitaria, con contratos temporales o por cuenta propia, empleados en pequeñas y medianas empresas y personas que están en la parte inferior de la distribución de ingresos. Por eso, la pandemia “podría exacerbar la desigualdad”, señalan las autoras del informe.

Ernesto Samper, expresidente de Colombia, señaló que es fácil hablar de teletrabajo y telestudio para familias con computadores, teléfonos celulares y tabletas suficientes. “Se complica en hogares donde escasean los aparatos y no hay Internet. Mientras exista esa brecha digital, los nuevos procesos acentuarán la desi­gualdad social”, comentó en Twitter el 12 de junio pasado.

De hecho, quienes laboran en negocios que requieren presencia física tienen pocas opciones de trabajar desde casa. Y son precisamente ellos los que se enfrentan a un mayor riesgo de despido o reducciones de sueldos. Esos trabajadores se concentran en los sectores más afectados por la crisis: alojamiento y servicios de alimentos, transporte y sectores minorista y mayorista.

Las diferencias en la estructura de la producción y el acceso y uso de la tecnología tienen mucho que ver a la hora de establecer quién está más expuesto al desempleo.

El World Travel & Tourism Council estimó esta semana que el impacto económico en la industria de viajes y turismo será cinco veces mayor al de la crisis del 2008. Se calcula una pérdida del 31% de empleos respecto del 2019; es decir, 100,8 millones de personas que dependen de la industria se quedarán sin trabajo.

En el otro extremo están las empresas tecnológicas, donde la opción de teletrabajo es algo de todos los días. Por eso, Apple, Google y Facebook permitirán a sus empleados trabajar en casa hasta julio del 2021. Esta última dijo que pagará a sus empleados un bono de USD 1 000 para facilitar la compra de equipos en el hogar.

Pero tener infraestructura para la conectividad tampoco es una garantía para los países. Y una muestra es España que, pese a contar con una de las mayores redes de fibra óptica de Europa, es uno de los países peor preparados de la Eurozona para trabajar desde la casa, porque el modelo productivo se inclina hacia actividades que necesitan la presencia física del trabajador.

La economía española es vulnerable debido a que es muy dependiente de actividades como el turismo, la hostelería o la construcción, lo que hace que su propensión al teletrabajo sea menor. Aun así, 32% de los trabajos en España puede ser realizado enteramente desde casa, señaló un estudio de tres investigadores de las universidades de Oxford y Complutense de Madrid.
En este documento, que fue publicado en mayo pasado en el diario El Confidencial, España aparece como el quinto país de la Unión Europea peor preparado para el teletrabajo.

Este estudio, al igual que el realizado por el FMI, muestran la alta relación que existe entre el nivel educativo de las personas y la probabilidad de trabajar remotamente.

Lo mismo ocurre entre el nivel salarial y el teletrabajo. Los sueldos más elevados son menos vulnerables al distanciamiento físico exigido a causa de la pandemia del coronavirus. Es decir, los directivos, profesionales, técnicos y personal de apoyo administrativo son menos vulnerables al distanciamiento social. Por el contrario, los trabajadores con salarios más bajos tienen más dificultades para teletrabajar. Por ende, las personas más pobres están en una peor situación económica y laboral.

Conserjes, trabajadores de la construcción y vendedores ambulantes son los que menos pueden trabajar desde casa, seguidos de operadores de plantas y maquinaria y trabajadores de oficios como mecánicos. En el otro extremo del espectro, los profesionales, gerentes, funcionarios públicos y legisladores están entre las ocupaciones más adecuadas para trabajar desde casa.

Según el estudio del FMI, al relacionar el nivel de desarrollo económico y la capacidad para trabajar de forma remota. Turquía, Chile, México, Ecuador y Perú sacan los puntajes más bajos parar realizar el trabajo desde los hogares.

En Ecuador no se ha realizado un estudio sobre el impacto del teletrabajo, señala Roberto Estrada, socio de Deloitte Consulting. Sin embargo, coincide en que las personas de menores ingresos son las más afectadas, porque no cuentan con las herramientas necesarias: Internet, computadora o un espacio adecuado.

Y para las empresas más pequeñas es muy complejo subsidiar esos recursos. “Sin embargo, podría ser una alternativa analizar los rubros de ahorro que estas empresas están generando con teletrabajo en espacio físico, luz, transporte, uniformes, alimentación, etc., y ver la posibilidad de usarlos para apoyar a sus colaboradores con el fin de que puedan acceder a dichas herramientas.

Lo anterior no considera las limitaciones propias del país, donde solo el 62% de la población está cubierta por redes de banda ancha móvil y de alta velocidad, mientras en América Latina alcanza el 67%, según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, de febrero del presente año.

El escenario para los próximos meses es incierto en el mundo, pero requiere de correctivos. Quienes están en la franja de ingresos altos tal vez elijan entre seguir trabajando a distancia en el futuro, pero los del otro extremo no tendrán elección, señaló Susan Hayter, consejera técnica de la OIT sobre el futuro del trabajo.

Históricamente, las crisis económicas, las pandemias y las guerras han agudizado la desigualdad. La cuestión -dice Hayter- es si esta vez se tratará de un movimiento tectónico que provoque un aumento de la inestabilidad política y social, o una crisis que genere sociedades más justas.
Por eso, las reformas o las decisiones que se tomen en los siguientes meses deberán estar basadas en principios de solidaridad y teniendo como
norte la igualdad.