Parecía que el cielo de Quito no dejaría de resonar. Pero en sus pliegues oscuros comenzaban a emerger nuevos colores. Eran las 17:00, cuando la marea verde iniciaba su paso en el Parque el Arbolito, en el centronorte de Quito. Entonces, ya no eran los truenos quienes crujían: eran, en cambio, las voces de cientos de mujeres que salieron a las calles el lunes 28 de septiembre del 2020, el Día de Acción Global por el acceso al Aborto Legal y Seguro, para levantar su voz y exigirle al Estado ecuatoriano la despenalización del aborto para las víctimas de violación y el acceso a salud sexual y reproductiva.

“Ni nos vendemos, ni nos rendimos. Aquí seguimos ¡Autonomía!”, se leía en una bandera desplegada durante la movilización. El movimiento feminista en Ecuador levantó su pañuelo verde con un pedido claro: que los derechos se legislen desde la libertad, con una mirada desde la salud pública que mejore la calidad de vida de las ecuatorianas, y no desde la dogma.

La ‘marea verde’ (mujeres con pañuelos verdes, símbolo global de la lucha por el aborto seguro) se movió no solo en Quito, sino en Guayaquil, Cuenca, Ibarra, Ambato… Allí, entre música, consignas y voces que resonaban a través de los megáfonos, también se pedía justicia y reparación para las sobrevivientes de la violencia machista y para aquellas que fueron víctimas de femicidio, un delito que, aunque está escrito en el Código Orgánico Integral Penal (cárcel de 22 a 26 años), no siempre se aplica para porque exige una condición: que la muerte violenta de una mujer, por el hecho de serlo, se produzca “como resultado de relaciones de poder”, reclamaban.

En El Arbolito, colectivos feministas cuestionaron la decisión del presidente de Ecuador, Lenín Moreno, de vetar, de forma total, el Código Orgánico de Salud. Foto: @leninsorias

En Ecuador, las movilizaciones fueron pacíficas. Las mujeres saltaban, gritaban fuerte para ser escuchadas pese a las mascarillas; las lágrimas fluían en sus rostros, aunque los abrazos no eran posibles por el distanciamiento físico.

En Quito, sus pasos las llevaron desde El Arbolito hacia la Asamblea Nacional y luego, con antorchas en mano, hasta la Plaza de Santo Domingo, en un Centro Histórico que tenía vallas y alambradas con cuchillas en los accesos a la Plaza de la Independencia, donde se encuentra la sede del Gobierno.

La marcha no solo conmemoró el 28-S, Día de Acción Global por el acceso al Aborto Legal y Seguro, sino que reclamó el veto total que el Gobierno del presidente Lenín Moreno dictaminó el último 25 de septiembre al Código Orgánico de Salud (COS), que llevaba ocho años siendo tramitado en el Parlamento y que finalmente había sido aprobado el pasado 25 de agosto de 2020 por la Asamblea Nacional.

El proyecto de la normativa garantizaba que las mujeres con emergencias obstétricas sean atendidas en casas de salud. El COS prohibía que el médico tratante se rehusara a dar atención médica a mujeres que presentaban cuadros de aborto en curso. Además, representaba un avance en materia de Derechos Humanos para la comunidad Lgbtiq+, pues negaba la oferta de servicios de las clínicas de homosexualización, llamadas ‘terapias de conversión’, para erradicar la idea de que se trata de una enfermedad.

El 28-S, en medio de la pandemia contra el covid-19, tuvo fuerza en México, como uno de sus principales focos, además de Argentina, El Salvador y Ecuador. La voz de la cantante Vivir Quintana moldeaba los cánticos de las manifestantes mientras cantaban Canción sin miedo, un himno que recorre Latinoamérica.

 
Esa pieza resonó en las escalinatas del Parque de la Madre, en Cuenca. “Por todas las ‘warmis’ luchando en los Andes y por las comadres que nos acompañan, por todas las wambras cambiando la historia por todas las guaguas robadas la infancia”, cantaban, mientras levantaban sus brazos. Y seguían: “Cantamos sin miedo, pedimos justicia, gritamos por cada desaparecida, que resuene fuerte: ¡Nos queremos vivas!”.

Además del canto, como ha ocurrido en Ciudad de México, mujeres intervinieron el espacio público en Quito. Hubo grafitis en paredes; cuando la movilización llegó al Centro Histórico, se escribió: “Bailaremos sobre las cenizas del capitalismo y el patriarcado”. En la Plaza de Santo Domingo, las mujeres reunieron los carteles de su marcha para quemarlos en fogata.

En redes sociales, usuarios reaccionaron por la intervención con grafitis y la fogata en el Centro Histórico. Por un lado, se habló de vandalismo y de un intento por generar un incendio en el monumento a Sucre, que se encuentra en la Plaza de Santo Domingo.

“Intento de causar incendio en monumento Santo Domingo”, escribió en Twitter la concejala Luz Elena Coloma. “Derecho a la protesta sí. Pero paren la agresión al Patrimonio por favor”, agregó y difundió imágenes con grafitis en las paredes de casas patrimoniales y una fogata.

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El movimiento feminista negó que se hubiese intentado quemar el monumento; en cambio, cuestionó que la atención se centrara en la intervención de paredes y no en las secuelas de la violencia contra las mujeres. Este Diario constató que en efecto sobre las piedras de la plaza se prendió fuego a los carteles que se usaron en la marcha; la movilización culminó cuando las llamas se extinguieron a un lado del monumento.

La Fiscalía registra 418 víctimas de femicidio en Ecuador, desde el 10 de agosto del 2014 -cuando se tipificó la figura penal en el COIP- hasta el 8 de septiembre del 2020. El 86% de casos fue perpetrado por parejas (esposos, convivientes y novios) y exparejas.

En la Plaza Santo Domingo, en el Centro Histórico, el movimiento feminista armó una fogata con los carteles levantados durante la protesta del lunes 28 de septiembre. Foto: Cortesía La Periódica

¿Qué pasa con la despenalización del aborto en Latinoamérica?

En El Salvador, decenas de mujeres portando un pañuelo verde salieron a las calles de la capital para exigir la despenalización del aborto, en un país que prohíbe la interrupción del embarazo incluso si pone en riesgo la vida de la madre.

El Salvador adoptó en la década de 1990 una drástica legislación que prohíbe la interrupción del embarazo en cualquier circunstancia, incluso en caso de riesgo para la vida de la madre.

Según organizaciones de defensa de derechos de la mujer, 18 mujeres están encarceladas bajo esa ley y casi medio centenar han sido liberadas después de ser condenadas por interrupción de embarazo.

En Argentina se llevó a cabo una protesta frente al Congreso y un “pañuelazo” verde por redes sociales en medio de la pandemia de covid-19.

En Argentina está permitido el aborto en caso de que el embarazo sea producto de una violación o cuando corre peligro la vida o la salud de la mujer. Se estima que se realizan entre 350 000 y 500 000 abortos clandestinos por año en el país sudamericano.

Grupos feministas que se manifestaron en México lanzaron cócteles molotov contra la policía que a su vez les roció gas, durante protestas en el centro de la capital del país de mayoría católica. Mujeres policías rociaron con gas de extintores a las manifestantes, algunas de las cuales empuñaban martillos y arrojaban botellas y pintura.

La capital mexicana ha sido recientemente escenario de otras manifestaciones de grupos feministas en contra de la violencia hacia las mujeres y los feminicidios, en un país donde asesinan a 10 mujeres, en promedio, cada día.

El aborto es ilegal en el país fuera de la capital y el sureño estado Oaxaca, que legalizó el procedimiento médico el año pasado. Quienes lo practican se enfrentan a penas de hasta seis años de cárcel.